Qué bien que vuelvas…!
-Tal vez no es lo que parezca, tal vez nunca me fui, en realidad.
Bueno, lo cierto es que si me fui, he vuelto. Porque de aquel alma del vino al presente, ha llovido un poco y en el retorno, uno va y recuerda al admirado y ya eterno Javier Marías : es la horrible fuerza del presente, que aplasta más el pasado cuanto más lo distancia, y además lo falsea sin que el pasado pueda abrir la boca, protestar, ni contradecirlo, ni refutarle nada. Y espero tener tantas alabanzas como críticas porque de costras tengo la espalda llena. Que a un bodeguero de la denominación de origen Rioja, al que ayer mismo confesé mi deseo de volver a escribir en un nuevo espacio, este presente, le parezca una buena noticia no tiene porque ser un sentimiento generalizado. De hecho me gustaría que no lo fuera porque de las iras, los golpes y la crítica fácil, también se saca gusto. Me divierte, aplaudo a todas y todos quienes se introducen en la migraña íntima permanente, en el cotilleo estrafalario y cobarde, en hablar de los demás desde la ignorancia y la maledicencia. Llevo muchos años padeciéndolo. Y ya me importa un bledo. El vino y su cultura me sirvieron de válvula de escape, fueron río en un desierto, paz en el combate, felicidad en la tristeza y conocimiento en la ignorancia. Por eso me importa un bledo, y dos. Sigo pensando igual que ayer y antes de ayer : con cada descorche un nuevo episodio de aprendizaje. Desconfíen ustedes de los que dicen saber de vino. De los que presumen demasiado. De aquellos que tras una máscara de prepotencia se erigen en imprescindibles. Hoy vuelvo con un solo objetivo : el mismo de antaño, divulgar y difundir. Lo de las clases magistrales lo dejo para Fulano y Mengano, los del método encorsetado, los que dicen defender lo que otros según ellos atacamos, los que dan clases magistrales y carecen de una mínima dosis de humildad, los que cabalgan pisando la viña sin mirar a los lados o hacia atrás, ellos, los sabelotodo. A partir de ahí, claro que vuelvo, bien que le parezca a uno y mal que le resulte a otro. Lo realmente difícil es agradar a todo el mundo. Y memorando a otro de mis admirados eternos, Facundo Cabral, quien no ama su trabajo, aunque trabaje todo el día, es un desocupado. Veré, observaré, beberé, cataré y cantaré y como siempre ustedes amigos y amigas, los que deseen seguir mi ruta, serán bienvenidos y bienvenidas. Vidrio, corcho, copa y gotas de amor. Para redondear, acoplar al genial Camilo José Cela cuando dijo en alta voz : para escribir solo hay que tener algo que decir. Te lo crees y empiezas. Y eso es justo lo que hice y desde hoy seguiré haciendo.
Qué bien que vuelvas!
-Nunca me fui en realidad, por ello en clave poética digo, mi querido amigo, que ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama. Y es ese amor el que desafía al tiempo igual que un garnacho enraizado en el Monte Yerga o una libreta de apuntes del inmortal a la par que genial Ezequiel. Amor por el vino, pasión por las armonías, meditar porque la meditación es el ojo del alma, así lo expresó un lejano predicador francés del siglo diecisiete. Y así lo siento. Me tendrán que soportar, las que quieran y los que deseen hacerlo. Para el resto, mi respeto.

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